Escritos sobre Sacristan

Salvador López Arnal
dissabte 23 d'octubre de 2010
par Salvador López Arnal
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ÍNDICE.

PRÓLOGO: LUIS ALEGRE ZAHONERO Y CARLOS

FERNÁNDEZ LIRIA “LA LUCHA POR LA RACIONALIDAD EN EL MARXISMO. TRAS LOS PASOS DE SACRISTÁN”.

PRESENTACION: RIGOR, RENOVACION Y FINALIDADES ECOCOMUNISTAS EN EL MARXISMO POLÍTICO DE MANUEL SACRISTÁN.

CAPÍTULO I. EL COMPROMISO DEL FILÓSOFO.

CAPÍTULO II. LAS BONDADES INTRÍNSECAS DE UN CUADERNO GRAMSCIANO ESCRITO TRAS LA SEGUNDA HEMOPTISIS.

CAPÍTULO III. LA VUELTA DEL REVÉS.

CAPÍTULO IV. CLARIDAD ENTRE TINIEBLAS.

CAPÍTULO V. DESDE UN PUNTO DE VISTA NO ESTRICTAMENTE LÓGICO.

CAPÍTULO VI. CARICIAS Y MANIPULACIONES. CIENCIA Y POLÍTICA DE LA CIENCIA EN LA OBRA DE MANUEL SACRISTÁN

CAPÍTULO VII. CONTRIBUCIÓN A LA CRÍTICA DE UNA CATEGORÍA ROMÁNTICA.

CAPÍTULO VIII. OTRA POLÍTICA FUE POSIBLE.

CAPÍTULO IX. PARIS, PRAGA: 1968

CAPÍTULO X. LAS CONTRIBUCIONES FILOSÓFICAS DE MANUEL SACRISTÁN EN HORITZONS Y NOUS HORITZONS.

CAPÍTULO XI. LA PRESENTACIÓN DE MANUEL SACRISTÁN DE LA EDICIÓN CATALANA DE EL CAPITAL. LA OBRA DE SACRISTÁN EN LA CULTURA CATALANA.

CAPÍTULO XII. SOBRE DARWIN, MARX, EL DARWINISMO Y OTROS ASUNTOS AFINES

CAPÍTULO XIII: PRUDENTE ELOGIO DE UN FILOSOFAR MODESTO.

CAPÍTULO XIV. RIGOR, LARGUEZA Y DIVERSIDAD DE UN PENSADOR

CAPÍTULO XV. AMABLES CARTAS LÓGICAS.

CAPÍTULO XVI. ¿QUÉ SACRISTÁN LEEREMOS EN EL SIGLO XXI?

CAPÍTULO XVII. MANUEL SACRISTÁN, UN PENSADOR POLIÉDRICO.

EPÍLOGO: LA PREGUNTA POR LA JUSTICIA.

BIBLIOGRAFÍA


PRÓLOGO. LA LUCHA POR LA RACIONALIDAD EN EL MARXISMO. TRAS LOS PASOS DE SACRISTÁN.

La lucha de Sacristán contra el dogmatismo fue, ante todo, la lucha contra la pereza cuando se trata de la verdad y la justicia. Un recetario con todas las respuestas a cualquier pregunta posible puede ahorrar mucho trabajo. Pero en ausencia de investigación rigurosa y discusión libre, sería un milagro que fuese verdadero. Un Comité Central que reemplace nuestra conciencia moral puede ahorrar quebraderos de cabeza, pero en ausencia de crítica, discusión pública y control efectivo, sería un milagro que fuese justo. Así, si no queremos confiar en los milagros (en la intervención de algún Autor sabio y moral del Mundo o en las leyes implacables de la Historia), no nos queda más remedio que asumir la incómoda tarea de conocer y actuar.

El gran mérito de Sacristán no es sólo haber asumido esa tarea en tiempos difíciles, sino, sobre todo, haberla transmitido en herencia a todos sus discípulos, entre ellos, al propio Salvador López Arnal. En la lógica de Escuela (académica o política) no es infrecuente que una intervención lúcida y crítica se convierta en el dogma de la generación siguiente, perdiendo en un solo paso toda su fuerza vital. Sin embargo, autores como Francisco Fernández Buey, Miguel Candel, Juan-Ramón Capella, Toni Domènech, Joaquim Sempere, Jacobo Muñoz, Ignacio Perrotini, Jorge Moreira, Elena Grau o Salvador López Arnal son la prueba de que, en lo teórico y en lo práctico, es posible transmitir un espíritu además de un corpus. Y esto nos permite confiar en que los asuntos de la Razón sí reúnen las condiciones para progresar hacia lo mejor.

Ahora bien, el punto de partida del que tuvo que arrancar Sacristán dejaba, ciertamente, un largo camino por delante. Cuesta creer hasta qué punto había que partir de cero. Aunque pueda sonar a broma para quien no esté versado en materialismo dialéctico, Sacristán tuvo que emplearse a fondo para demostrar a los marxistas que no era un buen negocio rechazar la lógica (sí, la mera lógica, la lógica formal); que regalar al enemigo el sistema de reglas de cualquier razonamiento correcto en general no era la mejor contribución que podíamos hacer a la revolución mundial.

En efecto, el extremo dogmatismo de cierta interpretación de Marx, llegó a nublar la razón hasta el punto de abominar de la lógica formal. Marx, al estudiar las leyes que rigen la sociedad moderna, había defendido que en la historia nada permanece inalterado por toda la eternidad. Contra el intento ideológico de presentar el capitalismo como fase última del desarrollo humano y como el fin de la historia y la realización plena de todas las aspiraciones de la razón, Marx había defendido que las sociedades capitalistas, como cualquier otra formación social, son un producto histórico que, como todos los demás, ocupa un determinado periodo y, tarde o temprano, termina pereciendo para dar paso a otro sistema.

Este planteamiento elemental fue dogmatizado por una parte de los seguidores de Marx que vieron en él un principio general de rechazo a cualquier estructura permanente. Así, la constatación elemental de que no es posible detener por completo la historia fue transformada en un principio filosófico que impugnaba por antimarxista y contrarrevolucionario el descubrimiento de cualquier elemento estable en el pensamiento o en la realidad.


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